miércoles, 11 de julio de 2012


El asesino Parot


         Sucede con frecuencia en el mundo científico que un avance o logro en una investigación adopte como nombre el de su descubridor, dando así lugar a distintos teoremas, fórmulas, enfermedades, procedimientos o teorías que conocemos y manejamos por los nombres de aquellos que los sacaron a la luz. Así hablamos con naturalidad del teorema de Pitágoras, las leyes de Mendel, pasando por el bacilo de Koch o la enfermedad de Parkinson. Muchos otros grandes hombres de ciencia que han pasado a la historia con teorías que modificaron la concepción del universo, no tuvieron la suerte de dar nombre a sus hallazgos, como sucede con la teoría de la relatividad, que nunca se llamó teoría de Einstein.

         Algo tan común en el campo de la ciencia física, química o médica, no lo es tanto en el terreno de la ciencia jurídica. Se habla de la doctrina del levantamiento del velo, pero no de la doctrina Salomon, pues tal era el nombre del artesano inglés del cuero cuya Sentencia se reconoce como origen de la investigación de la identidad de las personas que compone una sociedad para impedir el abuso de la personalidad jurídica societaria.

         Muchas de estas doctrinas o teorías jurídicas son de creación netamente jurisprudencial por nacer de resoluciones judiciales, como sucede con la doctrina de los actos propios, relativa a la eficacia de lo hecho anteriormente, pero rara vez llevan el nombre de los magistrados que las crearon.

         Por ello me sorprende e indigna que una resolución como es la de la aplicación de los beneficios penitenciarios al cómputo del cumplimiento íntegro de las penas impuestas y no a la condena máxima de 30 años, haya pasado a ser conocida por el nombre del asesino múltiple que formuló el recurso, Henri Parot.

         Muy probablemente la resolución jurídica que se encuentra en la base de su formulación, no merezca siquiera la denominación de doctrina pues es una Sentencia y no el parecer de numerosos juristas, pero en el mejor de los casos, de ser así considerada, bien podría haber pasado a ser conocida como doctrina del cumplimiento íntegro de las penas (por el hecho enjuiciado) o como doctrina Melgar, pues tal era el nombre del magistrado Ponente, pero en ningún caso se pudo pensar que pasaría a ser reconocida por el nombre del delincuente enjuiciado.

         Heri Parot, con más de 82 asesinatos imputados –entre ellos los de cinco niños en el cuartel de Zaragoza-  más de 200 heridos a sus espaldas y más de 4.800 años de condena, logrados en los doce años en los que tuvo como oficio conocido, la muerte, el horror y la destrucción, merece que, por  delante de su nombre, se escriba para lo que se escriba y se utilice con la finalidad que se utilice, solo figure la palabra asesino, pero en ningún caso podemos admitir que de nombre a doctrina jurídica alguna. 

         Desconozco de quien fue la idea o quién la utilizó por primera vez. No estará muy lejos la prensa, bien de su origen o al menos en la popularización de su uso, pues son ellos quienes, una y otra vez, llaman “históricos” a los dirigentes terroristas y utilizan vocabulario como “comandos” “lucha armada” “estrategia” que parecen rememorar situaciones bélicas con aires de grandeza donde solo ha habido terror de una parte e imposición de ideas por la fuerza.  

Los jefes terroristas que ordenaron, hoy hace quince años, asesinar a Miguel Angel Blanco, no son históricos ni han hecho nada para pasar a la historia. Son simplemente los jefes asesinos que dieron la orden de matar a un inocente. Por el contrario, Miguel Angel Blanco si es una figura histórica, pues es ejemplo del valor de muchas personas en plantar cara, arriesgando su vida y en plena juventud, a quienes querían someterlos por la fuerza.

Hoy se debería hablar de la doctrina Miguel Ángel Blanco, como definición del coraje de quienes no han tenido reparo en jugarse el pellejo en situaciones de máximo riesgo, sin esperar nada a cambio. Y sin embargo se habla de la doctrina de un asesino, de uno de los que brindó por su muerte. Parot no hizo más méritos que Einstein, ni los mismos que Mendel o Parkinson para que generaciones futuras lo citen ante los tribunales; solo fue un asesino múltiple. Corrijamos el error. 

miércoles, 27 de junio de 2012


Cada día caen más bajo !


         No se paran a pensar. Y si lo han hecho, peor aún. Cuando un político se hace una foto propagandística sin duda está pensando en lucirse y en el rédito electoral o publicitario de su buena gestión, que esa foto puede tener.

         En el caso de los políticos bejaranos es evidente que piensan poco o al menos piensan poco en sus administrados y no han dudado ni un segundo en hacerse la foto en la inauguración de un edificio que, de forma pretenciosa, denominan Museo Textil. Lo mejor, después de catorce años de gestión de esta inversión, era que hubieran recibido la obra procurando que nadie se enterase de la vergüenza que ello suponía. En silencio y sin publicidad.

         Y es que efectivamente es vergonzoso que un ciudadano, que por estas fechas afronta -en un plazo de no más de veinte días- el pago del IRPF y el IVA, tenga que comprobar que se han malgastado dos millones de sus euros en hacer un museo que, hoy por hoy y por mucho tiempo, no tiene nada que enseñar, nada que musear, nada que merezca la pena lucir. El Ayuntamiento reconoce que carece de fondo para exhibir.

         El alcalde de Bejar, pleno de orgullo y satisfacción, anuncia a todos los pagadores de ese nuevo contenedor de nada, que se ha creado una comisión en el seno del Ayuntamiento, encargada de  buscar con qué rellenar el museo que han construido, buscar en Béjar y si no lo hay, en el resto del mundo, que algo habrá por ahí. Dios mío, una comisión !!!

         No se puede poner en duda que Béjar es el lugar ideal para que se cree un museo textil. Pero, ¿había fondos para crearlo? ¿Se contó con las empresas existentes o desaparecidas para hacerlo?. Bilbao, es un ejemplo de cómo un museo puede revitalizar una zona o una ciudad entera, pero no se puso una piedra o placa de acero, hasta que no se contó con la colección Guggenheim. Y lo que encuentren los miembros de la comisión por esos mundos de Dios en maquinaria textil, no va a ser la colección de Salomón y Peggy Guggenheim precisamente. No, no piense nadie en lo que va a costar ese fondo de museo, esas adquisiciones, los viajes para materializarla, el mobiliario necesario para exhibir no sabemos qué, eso no tiene importancia...

         No cabe mayor reconocimiento a la incompetencia en la gestión, a la mala administración del dinero público. Ha sido un despilfarro que ha durado catorce años, que incluye a mucha gente que ha podido detener ese desatino. Y frente a ésto, los bejaranos  y demás pagadores, tendremos que soportar que se hable de otros recortes, de bajar sueldos de funcionarios e incluso de reducir plantillas, de aumentar edades de jubilación, de recortar obra pública (ésta si siempre necesaria) etc… Por lo menos, ya no lo harán sin oír nuestra queja y lamento.




viernes, 22 de junio de 2012


El ejemplo de un líder


         Tiene 63 años y se aproxima a la edad de la jubilación. Su carrera profesional, larga y fructífera, ya está hecha. Ha ganado suficiente dinero como para no tener que trabajar ni un día más, si no quiere. No tiene nada que demostrar haciendo gestos. Y sin embargo lo hizo.

         Bruce Springsteen regaló, a cuantos fuimos a verle el pasado domingo al Estadio Santiago Bernabeu de Madrid, el concierto más largo de su historia. Cuatro horas de música sin tregua ni descanso, enlazando los acordes finales de una canción con los iniciales del tema siguiente.

         Habría sido igualmente una gran actuación con un concierto de dos horas y media, sin que nadie le hubiera podido reprochar nada. Pero “El jefe” lo es por algo más. Por ese detalle que distingue a los grandes de la medianía, que hace a los verdaderos líderes diferentes.

         No me cabe la menor duda que después de su gira por España y siendo una persona socialmente comprometida, se sentía en deuda con el esforzado público que había ahorrado durante tiempo para pagarse una entrada, que era, a primera vista, cara. Consciente de la crisis que nos agobia, aportó su grano de arena para hacernos más llevadera la situación, proporcionándonos un “Glory day” en forma de concierto sin fin.

         Pocas veces se habrá visto a una estrella del rock tan cercana a su público y tan comprometida con él.

Cuando cerca de la una y media de la madrugada puso rumbo a su hotel dando por concluido un concierto que empezó a las nueve y media del día anterior, sin duda que se fue con la conciencia social muy tranquila, con la convicción de que el público de Madrid y de toda España que había acudido a verle, había captado el mensaje de aliento que había querido enviar, vaciándose en el escenario.  

         Ahora solo queda seguir ese magnifico ejemplo de esfuerzo, físico, vocal y mental que derrochó con generosidad. Siempre podremos dar algo más de nosotros mismos; podemos hacer más y mejor y de aquí salimos con el esfuerzo de todos. Bruce ya hizo su parte.  

sábado, 9 de junio de 2012


“La Crisis”, una oportunidad para la Democracia.


         Existe un concepto generalmente aceptado según el cual, de las malas experiencias se pueden obtener enseñanzas positivas de tal manera que incluso es posible reconvertirlas, por la vía del aprendizaje, en menos malas o incluso buenas, a largo plazo.

         Tras cuatro años de crisis económica, con una perspectiva en la que no se llega a ver ni de lejos la salida y ni tan siquiera el fondo del pozo en el que nos han metido, con la carga soportada de recortes salariales, incremento de horas de trabajo de aquellos que lo tienen, aumento de los impuestos, proliferación de impagos, por no hablar de los dramas personales y familiares de todos cuantos han perdido su empleo o han tenido que cerrar su negocio, resulta difícil hablar de oportunidades.

         Pero la crisis económica y social por la que atraviesa España, puede hacer que muchas conciencias despierten del sueño de vivir en una democracia y por fin caigan en la cuenta de que el sistema político instaurado tras la transición es tan solo un régimen de libertades, debidamente tuteladas, pero no un sistema esencialmente democrático.

         Lo que hace unos pocos años suponía introducir un concepto desestabilizador y antidemocrático, hoy gracias primero al comportamiento que están ofreciendo los distintos poderes del Estado (Rey y familia, Banco de España, Gobiernos autonómicos, CGPJ y Tribunal Constitucional, por citar alguno de los más ejemplares) y después a la obligada revisión de todos los dispendios económicos realizados en sufragar entes, organismos e instituciones, “pilares de la democracia” que hemos venido costeando entre los de siempre, ahora, que pasa por ser un acto de disciplina presupuestaria, tenemos que aprovechar el momento.

         La crisis económica ha desembocado ya en una crisis social y política en la que todo está o debería estar, sujeto a revisión. Desde la concepción del estado como monarquía, la definición del estado de las autonomías, el control del poder judicial, el sistema electoral, el papel los partidos políticos, todo ha de pasar por un examen y nueva definición. 

         Y al minuto siguiente de poner la lupa sobre nuestras instituciones nos daremos cuenta de que el primer problema a resolver es si queremos que dos personas sigan gobernando el país sin que nadie las haya elegido para semejante empresa, o instauramos un nuevo sistema en el que los Secretarios de Organización de los dos principales partidos políticos no lleguen a detentar tanto poder.

         En toda la etapa “democrática” (adjetivo bajo revisión), las decisiones, nuestras decisiones, las han tomado los gobernantes de los dos partidos políticos. Nos concedían la ilusión de hacernos creer que una vez cada cuatro años, teníamos algo que decir, pero lo cierto es que han sido ellos quienes han decidido quién gobernaría a los jueces, quién formaría el tribunal constitucional, qué se investigaría (fiscalía) quién estaría al mando de las Cajas de Ahorros, quién las controlaría (Banco de España), qué teníamos que ver en la TV pública, a quién, qué y de qué forma teníamos que votar, quien iba a dirigir la comunidad autónoma, el ayuntamiento o la Diputación y quien quedaba fuera de ese reparto de poder. Aquel que controlaba el poder del partido (unos en el gobierno del estado, otro en los gobiernos regionales) lo controlaba todo.

         Y evidentemente no eran ni son las manos más capaces, pues a ninguno se le reconocen méritos como para depositar en ellos la confianza para el desempeño de tales responsabilidades. Ingenuamente podríamos pensar que, si se tratara de nuestro dinero no se lo dejaríamos administrar ni cinco minutos, y sin embargo lo hemos hecho durante años, no con el nuestro, pero si con el de todos.
      
           La ocasión no volverá a presentarse en otros treinta años y debemos reclamar la regeneración democrática para que los gobernantes sean elegidos de forma directa por los ciudadanos y el sistema democrático tenga su base en la decisión popular, en el control de un poder sobre otro (inexistente en nuestro país) no en la elección de listas y cargos de un partido, sea el que sea.

La independencia en la administración de las instituciones, frente a la sumisión partidista, no puede esperar y no puede quedarse al margen de la revisión que impone la crisis económica y social. La limitación de mandatos, la rendición de cuentas, personal y directa ante los electores de la gestión realizada, sin la cobertura de la lista y maquinaria del partido y una justa retribución por el servicio público temporalmente prestado, deben sustituir a la institucionalización del servicio al partido como carrera profesional, a la hipocresía de las sucesivas reelecciones como garantía de buen gobierno y a la bendición del electorado a gestiones demenciales tras pasar por unas urnas en las que todo está decidido. 

         Someter a examen la financiación de los partidos políticos y el sistema electoral no sería mal comienzo regenerador, pero, cuidado, habremos abierto la caja de los truenos !!

viernes, 18 de mayo de 2012


¿De qué se ríen?


         Mientras las nubes negras y el pesimismo campan por toda la geografía nacional, invadiendo tertulias de amigos, comidas familiares, periódicos y programas de televisión, hay gente que, muy al contrario, parecen tener motivos para la alegría y la diversión, para las sonrisas, risas e incluso, carcajadas. 

         Y vaya si nos gustaría saber cual es el motivo de su felicidad para poder imitarles y así ser tan dichosos como ellos, en estos momentos en que tanto lo necesitamos.

         Así ocurre con el grupo de directivos que, con motivo de la fusión de varias cajas de ahorros, no hace mucho se fotografiaron dejando prueba para las generaciones futuras de un hecho tan gozoso como suponía el nacimiento de “BANKIA”.

         A la luz de la evolución posterior de este magma financiero, podemos intentar elucubrar cuales eran los motivos de las risas de los altos responsables de las cajas que se agrupaban.

         Muy probablemente se reían de los directivos de La Caixa a los que habían dado un sonoro portazo, no fuera a ser que pretendieran asumir con la fusión, los cargos directivos para ellos reservados.

         A buen seguro que se reían de la cantidad de activos tóxicos derivados de préstamos al suelo de promotores, que todos tenían en sus bodegas y que en ese momento traspasaban a la nueva entidad, lavándose las manos.

Pienso que se reían de todos los cargos políticos, sindicales y empresariales de sus consejos de administración, que habían aprobado las fusiones sin, no ya dimisión, sino  la más mínima oposición.

Es seguro que se reían de la Ministra de Economía, que como máxima responsable ante los ciudadanos de las decisiones económicas, impulsó y consintió la creación de semejante trasnformer financiero que ocultaba en las entrañas una metástasis, que corría imparable por todos sus activos.

No sería descabellado pensar que se reían de la gran cantidad de jubilados, ahorradores y pequeños inversores, que habían caído en sus trampas de productos altamente tóxicos, como las participaciones preferentes o deudas subordinadas.  

Pudiera ser también que se reían y era motivo de tanta felicidad, el recordar a los que les precedieron en el cargo y a otros compañeros de fatigas y aventuras financieras al mando de otras cajas, que con peor suerte que ellos, esperan el resultado de su procesamiento.

En algún momento se podría llegar a pensar que se reían de los presidentes de las respectivas comunidades autónomas –de todos los colores- a quienes tan bien habían servido y que tanto les animaron a crecer y multiplicarse financiando proyectos sin control, utilidad ni justificación.

Que se reían del Gobernador del Banco de España, es una posibilidad que gana enteros a la vista de la supervisión que, sobre semejante unión y otras, había realizado.

Tampoco habría que echarle mucha imaginación para suponer que se reían al recordar las enormes cantidades que mes a mes, consejo a consejo, dieta a dieta e indemnización tras indemnización, pasaban de los fondos de las cajas a sus cuentas corrientes, como retribución bien ganada por tantos años de actividad política y servicios prestados a los partidos.  

         Sin embargo todo eso no serían más que suposiciones y malos pensamientos fruto de la envidia y el resentimiento; lo verdaderamente cierto es que se reían….DE NOSOTROS.                    

viernes, 11 de mayo de 2012


El cuarto poder.


          La semana pasada la revista Hola publicó una fotografía que, al parecer ha pasado desapercibida y para mi tiene su importancia. Se trata de un reportaje de una modelo -lo cual no es especialmente trascendente ni siquiera para la propia revista- en la que nos exhibe toda su felicidad y la de su pareja por haberse conocido. Hasta ahí, nada de particular, más allá de la dosis de amarillismo que le corresponde.

Pero de este reportaje, destacaba una fotografía, no por su calidad estética, ni por su contenido informativo, sino por revelarnos una extraña cualidad de esta modelo, quien aparecía luciendo tres manos.

No se trata, evidentemente, de una mujer de feria que se gane la vida con su malformación, por mucho que  se exhiba ante el público, sino de un error en el abuso del retoque fotográfico. Parece obvio que el propietario de la tercera mano que aparece en su cintura, sea su compañero sentimental, quien no debería ser del agrado de la redacción y optaron por eliminarle de esa foto. Pero el retocador de señoras, se olvidó de su mano.

Esta semana he esperado ansioso la publicación de la revista y me presté raudo a comprarla en cuanto así me fue sugerido. Esperaba ver una rectificación de la dirección por el fallo cometido. Nada de nada.

Recuerdo que cuando era niño, los periódicos publicaban con frecuencia, una sección denominada “fe de erratas” en la que, dando a conocer los gazapos cometidos, se disculpaban por tales faltas ante sus lectores. Ello suponía varias cosas a la vez: en primer lugar la dignidad de una prensa que sabía reconocer los errores y se esforzaba en lograr un trabajo bien hecho; en segundo lugar, la alta consideración en que se tenía a los lectores, al dar por supuesto que habían advertido el error y era obligada la disculpa; y en tercer lugar la búsqueda de la verdad en la información, de la que la errata era la antítesis.

La prensa se considera a sí misma el cuarto poder después del legislativo, judicial y ejecutivo. Para aspirar a ese puesto de honor hay que ganárselo con objetividad y veracidad en la información, considerada ésta como un servicio público (solo así se puede hablar de un poder) y no mediante engaños y trampas. Da igual que se trate de información rosa, amarilla, deportiva, política o económica, pues todas están en las mismas manos que adoptan esas decisiones, y lo cierto es que se trata de prensa de gran tirada y máxima audiencia, que se permite la licencia de alterar la realidad y variarla a su antojo.

De siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras. Ahora ya no. Las caras no son lo que nos muestran; no podemos fiarnos ni de las narices ni de las tripas, ni de las faltas en el área o fuera de ella, ni de una gran fotografía de una cornada o de la presencia de una persona en determinado acto, pues estamos padeciendo una continua alteración de la realidad al servicio de  las ventas y eso no es poder, ni primero ni cuarto, es manipulación y fraude.
Es cierto que en ocasiones se producen efectos ópticos que nada tienen que ver con la realidad que captó la cámara, pero una cosa son las ilusiones visuales fruto de la casualidad, la oportunidad o el genio artístico del fotógrafo y otra muy distinta la falsificación artera.

La fotografía de un periodista en muchas ocasiones ha sido prueba de cargo en procedimientos judiciales, pero nadie se va a fiar de tal medio probatorio cuando es, con tanta facilidad e impunidad, alterado. 

Visto que no se puede esperar la rectificación, la solución deberá darla el gran público que hoy está en internet. Solo la mofa y befa al nivel planetario que se alcanza a través de la red, de tales noticias chuscas y grotescas, puede acabar encontrando el último átomo de vergüenza de sus autores como para que no se les ocurra volverlo a hacer, por que lo de pedir disculpas por agresiones tan burdas como la de la mujer de las tres manos, ya no se no se va a lograr ni siendo Trending Topic.

           



           

sábado, 5 de mayo de 2012


El precio de la irresponsabilidad.


          En el tránsito de la dictadura a la democracia, mediados los años 70 del siglo pasado, la clase política propuso a los españoles si esa evolución se debía hacer mediante una reforma paulatina del sistema o mediante la ruptura total con todo lo anterior. La idea de la reforma se impuso a través de la aprobación primero por las Cortes y después por el 80% del electorado en referéndum, de la Ley para la Reforma Política de 1977. Uno de los pilares en que se basaba la reforma frente a la ruptura era el inicio de un proceso constitucional que, sin abolir expresamente las leyes Fundamentales, diera paso a un nuevo sistema político. En definitiva, se trataba de pasar de un sistema a otro sin ajustar cuentas, sin derogar de golpe todo lo pasado y hacerlo en un proceso evolutivo.

          No se trata de entrar a juzgar si fue o no acertado; quienes tuvieron derecho a voto así lo decidieron de forma mayoritaria. Pero lo que si es cierto es que esa decisión de no ajustar cuentas, de evitar aplicar los principios del derecho a cuantos los habían transgredido, tenía una justificación; había un interés general en no mirar atrás, en cerrar los ojos frente al pasado reciente y canalizar la iniciativa social y política en construir más que en revisar.

          Hoy nos encontramos en un nuevo tránsito, esta vez de un sistema económico capitalista a otro desconocido; intuimos que es un sistema de reparto de penas más que de alegrías, de recortes más que de subvenciones. Pero como sucedió en los años 70 existe un acuerdo tácito de no mirar atrás, de no analizar y enjuiciar (en el más amplio sentido del verbo) por qué y sobre todo, gracias a quien, hemos llegado a esta situación. Nadie tiene interés en ajustar cuentas. Y no lo entiendo.

          Si me encaja en la clase política pues, quien más quien menos ha gobernado con suficiente poder, ya sea general, autonómico o municipal, como para ser corresponsables, por acción o por omisión, del despilfarro y desfalco total de nuestras arcas. Todos ellos, desde sus más ilustres representes hasta aquellos que deben su cargo y puesto de trabajo a una designación arbitraria en lugar de los méritos, todos tienen motivos para no moverse. Baste recordar el bochornoso incidente, sin investigar, del pago de 3% de comisiones en la Generalidad de Cataluña, los casos de corrupción en los ayuntamientos de la comunidad de Madrid, los de Marbella, Baleares, Valencia, Andalucía etc…  

          Ellos, los políticos, han encontrado la absolución (sean o no creyentes) en las urnas, como si el sistema electoral que tienen a bien concedernos, permitiera la más mínima crítica o censura política. Ya puede un político haber dilapidado el dinero de los contribuyentes en aeropuertos inútiles, que bajo las siglas de tal o cual partido, saldrá bendecido. No tienen las agallas para dar al pueblo un proceso electoral al que concurran sin el cobijo de las listas, ni de las siglas, en el que cada candidato tuviera que rendir cuentas de su gestión, de la suya y no la del partido, cada cuatro años ante quienes le votaron. De ellos no debemos esperar nada.

          Pero de quien si cabe esperar más es de la sociedad civil, de los ciudadanos, de los que votamos (o no) de los que pagamos y de los que asistimos a este cambio sin participar en él.

          Nos estamos limitando a ser meros espectadores cuando deberíamos ser protagonistas. Frente a la pasividad en la rendición de cuentas deberíamos ser beligerantes en reclamar que, por los juzgados empezara a pasar tanto director general de tanto califato, que ha sido responsable de autorizar o consentir que el dinero que poníamos en sus manos, fuera mal administrado -lo que sería una falta de torpeza- cuando no deliberadamente saqueado de los presupuestos, lo que constituye delito.

          Mientras contemplamos cómo tenemos que dedicar tiempo, esfuerzo y más y más dinero a salvar a los bancos, que según nos dicen son los responsables pero también son la solución, consentimos que nadie de las denominadas autoridades monetarias de nuestro país, no ya de explicaciones ante los tribunales, sino que ni tan siquiera exigimos su dimisión de tal manera que, quien ha sido el máximo responsable de la desregularización bancaria y consentidor del “préstamo total” sigue en el cargo, dando lecciones en lugar ser discreto e irse a su casa.  

          El papel que hemos asumido es el de callar y pagar. Callar por todo y pagar los impuestos establecidos y los por establecer, los céntimos sanitarios, la educación, más IVA, las autopistas, la sanidad, etc… El 15-M pareció ofrecer una luz reivindicativa pero, pronto se apagó. En Islandia, dónde empezó todo, al menos han procesado a su Primer Ministro, por no ver venir la crisis y no adoptar medidas a tiempo para evitar el descalabro. No se trata de coger el Kalashnicof, como nos pedía el jubilado griego que no pudo más y se quitó la vida en la Plaza Sintagma, pero si de exigirnos una mayor rebeldía frente a la pasividad con la que asumimos el resultado de la gran golfada de otros. Al contrario que en la época de la transición, nada justifica esta ley de silencio y perdón con los apandadores que tácitamente, nos hemos impuesto. 

          Decía el Rey que la justicia ha de ser igual para todos, refiriéndose al procesamiento de su yerno. Bien está que se le juzgue, pero la tentación de ensañamiento con semejante aprovechado, puede hacernos perder de vista que, al igual que él hay otros muchos que merecen las mismas penas de escarnio público, de penar procesal y de horas de interrogatorio hasta sacarles toda la verdad, no vaya a ser que, al final, solo el yerno magnífico y otros dos o tres más -si a la jueza Alaya la dejan trabajar- reciban el peso de la ley y ésta no haya sido, como pedía su augusto suegro (aunque en otro sentido) igual para todos. Queda pues, mucho por hacer y aún no hemos aprobado en referéndum ninguna ley de punto final.


           



           

lunes, 30 de abril de 2012


Una generación desorientada.


          Todos aquellos que estén rondando los cincuenta años de edad, por arriba o por debajo de esa cifra, pertenecemos a una generación que podemos sin lugar a duda considerar como afortunada, pues se trata de un grupo de españoles a los que, en líneas generales, la vida nos ha tratado hasta la fecha, bien y en ocasiones, muy bien.

          Somos hijos de aquellos que guardan en su memoria el recuerdo lejano, pero siempre presente, de la cruenta contienda civil del año 39; hijos de quienes afrontaron los duros años de la posguerra y acometieron la modernización de un país desolado; de los que se ilusionaron con la Vespa primero y el 600 después; de los que no se lo podían creer cuando disfrutaron de sus primeras vacaciones de verano; de los que no pudieron estudiar pero eran más listos que el hambre; de los verdaderos protagonistas de la transición de un régimen dictatorial a uno de libertades.

          Esos padres, los nuestros, procuraron facilitarnos toda clase de comodidades; todas aquellas que sus salarios, rentas y ahorros, ponían a su alcance. Constituían la clase media que, en los años 60, empezaba a desarrollarse y a consumir, dejando atrás los años de pobreza, autarquía y escasez.

          Pertenecemos pues a una generación que, no sabe lo que es una guerra ni una dictadura, más allá de la lectura y los documentales. Una generación que no solo no ha pasado hambre sino que ha disfrutado de una rica y variada alimentación, que ha conocido los mercados y supermercados con sus estantes abastecidos hasta rebosar de productos que estaban a nuestro alcance. Hemos disfrutado de los períodos de vacaciones familiares con toda normalidad, como si la vida siempre hubiera sido así y se tratara de una conquista social más. No hemos conocido otra limitación para estudiar una carrera que no fuera nuestra falta de capacidad. Hemos desarrollado nuestra profesión durante años en un ambiente general de trabajo que ha facilitado el desarrollo de todas nuestras capacidades, lo que nos ha permitido el acceso a muchos bienes antes solo reservados para las clases más adineradas. Somos la generación para la que, viajar se ha convertido en una actividad más de nuestras vidas. Hemos visto cómo los viajes al paraíso caribeño han pasado de ser un sueño irrealizable, a estar a nuestro alcance primero, pasar a compartir ese sueño con muchos otros después, para terminar considerándolo un destino masificado. Somos la generación que más ha disfrutado de la tecnología, desde la Televisión, el tocadiscos, el video pasando al DVD, el ordenador para llegar a la telefonía en todas sus aplicaciones. Así hemos vivido y nada parecía que pudiera hacerlo cambiar.

          No contábamos con la crisis. Así como nuestros padres, a pesar de haberse labrado, con duros esfuerzos, un mayor bienestar, no habían perdido de vista la referencia del hambre y la necesidad, nosotros nos encontramos completamente desorientados ante este duro período de recortes y ajustes que nos toca vivir. Esto no lo esperábamos, nadie nos había dicho que podía pasar y vivíamos en el mejor de los mundos, el mundo occidental desarrollado en el que todo era posible.

Ahora tenemos que asimilar que los ingresos que hasta ahora nos han permitido vivir con esa comodidad, pueden caer o incluso agotarse hasta desaparecer. Tenemos que hacernos a la idea de que los viajes que ponían el mundo a nuestros pies, en líneas aéreas “low cost”, ya no son para nosotros y debemos renunciar a ellos, convirtiendo de nuevo el Caribe, en paraísos tan solo soñados. La fuerza de los hechos no hará ver que no podemos seguir perteneciendo a tantos clubs, organizaciones y asociaciones, cuyas tarjetas pueblan nuestras carteras y que nos facilitaban la ocupación de nuestro tiempo de ocio mediante el pago de verdaderas fortunas en pequeñas cuotas. Debemos admitir que no vamos a cambiar de coche en mucho tiempo y que los puentes son para pasarlos en casa, viendo una película en familia y no haciendo turismo interior en hoteles de cuatro estrellas, que han dejado de estar a nuestro alcance.

          Pero llegar a ese estado de reflexión, conocimiento y asunción de la verdadera situación que nos espera, es un proceso que nos cuesta mucho, por que nuestro desarrollo intelectual no estaba preparado para asimilar los términos “crisis, recesión, paro o despido” que nos eran lejanos cuando no desconocidos. Es un proceso interior lento, como lo son los ajustes económicos, por el que cada uno debemos transitar hasta asumir cual es la realidad de la economía familiar y cuales son nuestras verdaderas capacidades para adaptar a ellas nuestro nuevo estilo de vida. Y tenemos la añadida responsabilidad de hacérselo entender a nuestros hijos, quienes cuentan con la desventaja de que han vivido en un mundo todavía más repleto de comodidades y satisfacciones de todo tipo que las que nosotros recibimos de nuestros padres, pero cuentan con la ventaja de que el tiempo corre a su favor y son más permeables, por su juventud, a asumir nuevas situaciones que les vienen impuestas. No será fácil que pasen de fiestas de cumpleaños y Reyes con toda clase de regalos que no les hacían la menor ilusión a la austeridad de heredar los regalos de los hermanos mayores. Pero todo llegará y a todo se acaba haciendo uno.

          Y no debemos emplear demasiado tiempo en orientarnos con la nueva situación pues a esta generación le queda la responsabilidad de trabajar para salir del problema y dejárselo solucionado o en vías de solución a la siguiente, que nos ha de coger el relevo. Así pues, manos a la obra pues toca reflexionar, ajustar y una vez concientes de nuestras verdaderas capacidades, a continuar con la vida que nos ha tocado vivir.