Una generación desorientada.
Todos aquellos que estén rondando los
cincuenta años de edad, por arriba o por debajo de esa cifra, pertenecemos a
una generación que podemos sin lugar a duda considerar como afortunada, pues se
trata de un grupo de españoles a los que, en líneas generales, la vida nos ha
tratado hasta la fecha, bien y en ocasiones, muy bien.
Somos hijos de aquellos que guardan en
su memoria el recuerdo lejano, pero siempre presente, de la cruenta contienda
civil del año 39; hijos de quienes afrontaron los duros años de la posguerra y acometieron
la modernización de un país desolado; de los que se ilusionaron con la Vespa
primero y el 600 después; de los que no se lo podían creer cuando disfrutaron
de sus primeras vacaciones de verano; de los que no pudieron estudiar pero eran
más listos que el hambre; de los verdaderos protagonistas de la transición de
un régimen dictatorial a uno de libertades.
Esos padres, los nuestros, procuraron
facilitarnos toda clase de comodidades; todas aquellas que sus salarios, rentas
y ahorros, ponían a su alcance. Constituían la clase media que, en los años 60,
empezaba a desarrollarse y a consumir, dejando atrás los años de pobreza,
autarquía y escasez.
Pertenecemos pues a una generación
que, no sabe lo que es una guerra ni una dictadura, más allá de la lectura y
los documentales. Una generación que no solo no ha pasado hambre sino que ha
disfrutado de una rica y variada alimentación, que ha conocido los mercados y
supermercados con sus estantes abastecidos hasta rebosar de productos que
estaban a nuestro alcance. Hemos disfrutado de los períodos de vacaciones
familiares con toda normalidad, como si la vida siempre hubiera sido así y se
tratara de una conquista social más. No hemos conocido otra limitación para
estudiar una carrera que no fuera nuestra falta de capacidad. Hemos
desarrollado nuestra profesión durante años en un ambiente general de trabajo
que ha facilitado el desarrollo de todas nuestras capacidades, lo que nos ha
permitido el acceso a muchos bienes antes solo reservados para las clases más
adineradas. Somos la generación para la que, viajar se ha convertido en una
actividad más de nuestras vidas. Hemos visto cómo los viajes al paraíso
caribeño han pasado de ser un sueño irrealizable, a estar a nuestro alcance
primero, pasar a compartir ese sueño con muchos otros después, para terminar considerándolo
un destino masificado. Somos la generación que más ha disfrutado de la
tecnología, desde la Televisión, el tocadiscos, el video pasando al DVD, el ordenador
para llegar a la telefonía en todas sus aplicaciones. Así hemos vivido y nada
parecía que pudiera hacerlo cambiar.
No contábamos con la crisis. Así como
nuestros padres, a pesar de haberse labrado, con duros esfuerzos, un mayor
bienestar, no habían perdido de vista la referencia del hambre y la necesidad,
nosotros nos encontramos completamente desorientados ante este duro período de
recortes y ajustes que nos toca vivir. Esto no lo esperábamos, nadie nos había
dicho que podía pasar y vivíamos en el mejor de los mundos, el mundo occidental
desarrollado en el que todo era posible.
Ahora tenemos que asimilar que los ingresos que hasta ahora nos han
permitido vivir con esa comodidad, pueden caer o incluso agotarse hasta
desaparecer. Tenemos que hacernos a la idea de que los viajes que ponían el
mundo a nuestros pies, en líneas aéreas “low cost”, ya no son para nosotros y
debemos renunciar a ellos, convirtiendo de nuevo el Caribe, en paraísos tan solo
soñados. La fuerza de los hechos no hará ver que no podemos seguir
perteneciendo a tantos clubs, organizaciones y asociaciones, cuyas tarjetas
pueblan nuestras carteras y que nos facilitaban la ocupación de nuestro tiempo
de ocio mediante el pago de verdaderas fortunas en pequeñas cuotas. Debemos
admitir que no vamos a cambiar de coche en mucho tiempo y que los puentes son
para pasarlos en casa, viendo una película en familia y no haciendo turismo
interior en hoteles de cuatro estrellas, que han dejado de estar a nuestro
alcance.
Pero llegar a ese estado de reflexión,
conocimiento y asunción de la verdadera situación que nos espera, es un proceso
que nos cuesta mucho, por que nuestro desarrollo intelectual no estaba
preparado para asimilar los términos “crisis, recesión, paro o despido” que nos
eran lejanos cuando no desconocidos. Es un proceso interior lento, como lo son
los ajustes económicos, por el que cada uno debemos transitar hasta asumir cual
es la realidad de la economía familiar y cuales son nuestras verdaderas
capacidades para adaptar a ellas nuestro nuevo estilo de vida. Y tenemos la
añadida responsabilidad de hacérselo entender a nuestros hijos, quienes cuentan
con la desventaja de que han vivido en un mundo todavía más repleto de
comodidades y satisfacciones de todo tipo que las que nosotros recibimos de
nuestros padres, pero cuentan con la ventaja de que el tiempo corre a su favor
y son más permeables, por su juventud, a asumir nuevas situaciones que les
vienen impuestas. No será fácil que pasen de fiestas de cumpleaños y Reyes con
toda clase de regalos que no les hacían la menor ilusión a la austeridad de
heredar los regalos de los hermanos mayores. Pero todo llegará y a todo se acaba
haciendo uno.
Y no debemos emplear demasiado tiempo
en orientarnos con la nueva situación pues a esta generación le queda la
responsabilidad de trabajar para salir del problema y dejárselo solucionado o
en vías de solución a la siguiente, que nos ha de coger el relevo. Así pues,
manos a la obra pues toca reflexionar, ajustar y una vez concientes de nuestras
verdaderas capacidades, a continuar con la vida que nos ha tocado vivir.
Enhorabuena, Eduardo. Bienvenido al mundo de los blogs. Voy a seguir tus publicaciones con interés como he leido tu primera publicación. Es un buen esbozo retrospectivo de la vida socioeconomico y político de los españoles de tu (quiero decir nuestra) edad que llega e incorpora la situación contemporanea. Lo que escribes resuena en mi vida también debido, primero, a la larga y seria estancia mía en España -- como estudiante universitario y luego como profesor -- que abarca los últimos años del régimen franquista (incluso haberlo visto al mismísimo dictador en la Plaza Mayor de Salamanca en su última visita) hasta la presidencia de Felipe Gonzalez (a quien también vi, pero con alegría, en Salamanca) y luego de una forma menos intensa con mis visitas anuales de estío de nuestros días de hoy. Soy medio español de corazón y de desarrollo personal. Te sigo en tus blogs por lo que escribes y por nuestra amistad entrañable. Un abrazo de Joseph
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