miércoles, 11 de julio de 2012


El asesino Parot


         Sucede con frecuencia en el mundo científico que un avance o logro en una investigación adopte como nombre el de su descubridor, dando así lugar a distintos teoremas, fórmulas, enfermedades, procedimientos o teorías que conocemos y manejamos por los nombres de aquellos que los sacaron a la luz. Así hablamos con naturalidad del teorema de Pitágoras, las leyes de Mendel, pasando por el bacilo de Koch o la enfermedad de Parkinson. Muchos otros grandes hombres de ciencia que han pasado a la historia con teorías que modificaron la concepción del universo, no tuvieron la suerte de dar nombre a sus hallazgos, como sucede con la teoría de la relatividad, que nunca se llamó teoría de Einstein.

         Algo tan común en el campo de la ciencia física, química o médica, no lo es tanto en el terreno de la ciencia jurídica. Se habla de la doctrina del levantamiento del velo, pero no de la doctrina Salomon, pues tal era el nombre del artesano inglés del cuero cuya Sentencia se reconoce como origen de la investigación de la identidad de las personas que compone una sociedad para impedir el abuso de la personalidad jurídica societaria.

         Muchas de estas doctrinas o teorías jurídicas son de creación netamente jurisprudencial por nacer de resoluciones judiciales, como sucede con la doctrina de los actos propios, relativa a la eficacia de lo hecho anteriormente, pero rara vez llevan el nombre de los magistrados que las crearon.

         Por ello me sorprende e indigna que una resolución como es la de la aplicación de los beneficios penitenciarios al cómputo del cumplimiento íntegro de las penas impuestas y no a la condena máxima de 30 años, haya pasado a ser conocida por el nombre del asesino múltiple que formuló el recurso, Henri Parot.

         Muy probablemente la resolución jurídica que se encuentra en la base de su formulación, no merezca siquiera la denominación de doctrina pues es una Sentencia y no el parecer de numerosos juristas, pero en el mejor de los casos, de ser así considerada, bien podría haber pasado a ser conocida como doctrina del cumplimiento íntegro de las penas (por el hecho enjuiciado) o como doctrina Melgar, pues tal era el nombre del magistrado Ponente, pero en ningún caso se pudo pensar que pasaría a ser reconocida por el nombre del delincuente enjuiciado.

         Heri Parot, con más de 82 asesinatos imputados –entre ellos los de cinco niños en el cuartel de Zaragoza-  más de 200 heridos a sus espaldas y más de 4.800 años de condena, logrados en los doce años en los que tuvo como oficio conocido, la muerte, el horror y la destrucción, merece que, por  delante de su nombre, se escriba para lo que se escriba y se utilice con la finalidad que se utilice, solo figure la palabra asesino, pero en ningún caso podemos admitir que de nombre a doctrina jurídica alguna. 

         Desconozco de quien fue la idea o quién la utilizó por primera vez. No estará muy lejos la prensa, bien de su origen o al menos en la popularización de su uso, pues son ellos quienes, una y otra vez, llaman “históricos” a los dirigentes terroristas y utilizan vocabulario como “comandos” “lucha armada” “estrategia” que parecen rememorar situaciones bélicas con aires de grandeza donde solo ha habido terror de una parte e imposición de ideas por la fuerza.  

Los jefes terroristas que ordenaron, hoy hace quince años, asesinar a Miguel Angel Blanco, no son históricos ni han hecho nada para pasar a la historia. Son simplemente los jefes asesinos que dieron la orden de matar a un inocente. Por el contrario, Miguel Angel Blanco si es una figura histórica, pues es ejemplo del valor de muchas personas en plantar cara, arriesgando su vida y en plena juventud, a quienes querían someterlos por la fuerza.

Hoy se debería hablar de la doctrina Miguel Ángel Blanco, como definición del coraje de quienes no han tenido reparo en jugarse el pellejo en situaciones de máximo riesgo, sin esperar nada a cambio. Y sin embargo se habla de la doctrina de un asesino, de uno de los que brindó por su muerte. Parot no hizo más méritos que Einstein, ni los mismos que Mendel o Parkinson para que generaciones futuras lo citen ante los tribunales; solo fue un asesino múltiple. Corrijamos el error.